
En los más de 13 años que llevamos en Sephor Consulting hemos desarrollado páginas web para todo tipo de proyectos: empresas, instituciones, comercios, asociaciones, alojamientos, proyectos turísticos… Pero, de vez en cuando, llega uno de esos trabajos que se sale de lo habitual y que nos permite mezclar tecnología, territorio, cultura y una buena historia.
La Ruta Labordeta por el Maestrazgo es uno de ellos.
La iniciativa recupera el recorrido que José Antonio Labordeta realizó por el Maestrazgo en el primer capítulo de “Un país en la mochila” y lo transforma en una experiencia interactiva para volver a descubrir, treinta años después, algunos de los lugares que recorrió.
Desde el principio, la idea iba mucho más allá de crear una página web sobre una ruta turística. El objetivo era conseguir que la propia web acompañase al visitante durante el recorrido y que se convirtiera en una pieza fundamental de la experiencia.
Una idea desde el territorio
Detrás del proyecto está la Asociación para el Desarrollo del Maestrazgo (ADEMA), entidad que lleva años trabajando para impulsar iniciativas relacionadas con el desarrollo rural, la cultura y la puesta en valor del territorio.
En este proyecto queremos destacar especialmente a José Manuel Salvador, de ADEMA, con quien hemos compartido el desarrollo y evolución de una idea que combina territorio, patrimonio, turismo, cultura y tecnología.
La Ruta Labordeta busca recuperar el legado de José Antonio Labordeta, pero no desde un punto de vista únicamente documental. La propuesta invita al visitante a recorrer realmente el Maestrazgo, conocer sus pueblos y descubrir sobre el terreno su historia, su patrimonio, su gastronomía y sus paisajes.
No es solamente una ruta: es un juego
Una de las cosas que más nos gustan del proyecto es precisamente esta.
La Ruta Labordeta está planteada como un juego.
El viajero comienza su aventura con un pasaporte físico y debe ir superando diferentes pruebas y enigmas durante su recorrido por el Maestrazgo.
El objetivo es conseguir ocho sellos correspondientes a ocho pruebas. El pasaporte se obtiene al comienzo del itinerario en el Hostal de la Trucha y, a partir de ahí, comienza el viaje.
Y aquí es donde la parte digital cobra especial importancia.
Las pruebas no están simplemente publicadas en una página para que cualquiera pueda resolverlas desde su casa.
La web utiliza la ubicación del teléfono móvil para comprobar que el participante se encuentra físicamente en el lugar correspondiente. Solo entonces se hace accesible el contenido de esa etapa y la prueba que debe resolver.
De esta manera, la tecnología no sustituye al viaje.
Obliga a vivirlo.
Y creemos que ahí está una de las claves más interesantes del proyecto.
Las reglas completas del juego pueden consultarse en la sección “Reglas del juego” de La Ruta Labordeta.
Un viaje contado por el propio Labordeta
Pero para conseguir que una experiencia así funcione hacía falta algo más que tecnología, pueblos, mapas y pruebas.
Hacía falta una historia.
Y aquí entra otra persona muy especial dentro del proyecto: Pilar Muniesa, que participó como copywriter y responsable de construir la historia que acompaña todo el recorrido.
Pilar desarrolló una narración en la que José Antonio Labordeta vuelve simbólicamente al Maestrazgo para recorrer de nuevo aquellos lugares.
El resultado es una especie de cuaderno de viaje digital narrado en primera persona, en el que ficción, historia, personajes, anécdotas y patrimonio se van mezclando a medida que avanzamos por la ruta.
No queríamos que el usuario simplemente leyera fichas turísticas.
Queríamos que tuviese la sensación de estar siguiendo una historia.
Y eso cambia completamente la forma de descubrir el territorio.
Del móvil al territorio
Montoro de Mezquita, Pitarque, Villarluengo, Tronchón, Mirambel, Cantavieja y La Iglesuela del Cid son algunos de los lugares protagonistas de esta experiencia, siguiendo el recorrido que apareció en aquel primer programa de Un país en la mochila.
Cada parada permite ir conociendo diferentes elementos históricos, culturales, naturales o gastronómicos.
El móvil sirve como guía, pero lo verdaderamente importante está fuera de la pantalla.
Hay que observar.
Hay que caminar.
Hay que buscar.
Hay que resolver enigmas.
Y, sobre todo, hay que estar allí.
Es una filosofía que nos gusta especialmente: utilizar la tecnología para conseguir que las personas interactúen más con el mundo físico, no menos.
Tecnología al servicio de una historia
Desde el punto de vista digital, La Ruta Labordeta también planteaba un reto interesante.
La web tenía que funcionar como portal informativo sobre el proyecto y sus municipios, pero al mismo tiempo convertirse en una herramienta interactiva capaz de acompañar al usuario durante el recorrido.
Tenía que ser especialmente cómoda desde móvil, trabajar con la geolocalización del usuario y permitir que determinadas partes de la historia y del juego apareciesen solamente cuando el visitante estuviera realmente en el lugar indicado.
Es un buen ejemplo de algo que defendemos habitualmente en Sephor Consulting: la tecnología tiene mucho más sentido cuando deja de ser protagonista y se convierte en una herramienta para conseguir un objetivo.
En este caso, descubrir el Maestrazgo siguiendo los pasos de José Antonio Labordeta.
Un proyecto que merece ser vivido
Podríamos explicar mucho más sobre la Ruta Labordeta, sobre su funcionamiento o sobre la tecnología que hay detrás.
Pero probablemente estaríamos haciendo justo lo contrario de lo que pretende el proyecto.
Porque esta web no está pensada únicamente para visitarla.
Está pensada para que te lleve hasta el Maestrazgo.
Para recorrer sus carreteras, entrar en sus pueblos, descubrir sus paisajes, hablar con sus gentes, resolver las pruebas y conocer un poco mejor ese territorio que José Antonio Labordeta recorrió y mostró a toda España hace ya tres décadas.
Así que, si quieres descubrir realmente cómo funciona La Ruta Labordeta, hay una forma mucho mejor que seguir leyendo.
Coge el móvil, prepara papel y boli y vete al Maestrazgo.
El resto de la historia tendrás que descubrirla allí.
